
Veranos con gente que ya no has vuelto a ver, personas que eran el gran amor de tu vida y que ya no recuerdas qué fue lo que pasó.
Eso es el pasado... una colección de fotos que mirar con melancolía, un poco de risa, pero con la perenne sensación de que ahí no pertenezco, que me faltan cosas.
El horror comienza cuando empiezo a contemplar un futuro que se compone de mirar fotos cada vez más viejas, porque dejé de salir en las fotos; el sigan participando de la vida que nunca gané, atormentado por el paso a costado que tomé y ya no recuerdo el motivo.
En tu mente coleccionas las fotos del resto y se vuelven el catálogo de todo lo que nunca hice y que nunca harás, porque la vieja ya pasó, nunca conociste a la mujer de tu vida, pero tienes una foto mental de esa persona que probablemente te diría que entre nosotros no hubiera funcionado, porque ella busca nuevas experiencias y no estancarse en el mismo hoyo... y estás estancado, la angustia es la misma que hace tantos años, el vacío es el mismo, nunca se llenó, has vivido evitando a tu propia alma vacía... y los sucedáneos para el alma sólo te permiten seguir funcionando, te permiten pasar los minutos, pero cuando se despeja la borrachera sigues estando vacío... y con una probable caña.
Necesito llenar el vacío... el trabajo, el carrete, los amigos, son parte importante de la vida, pero no son la vida, al menos no la mia.
Si en diez años más puedo resumir todos los “logros” de mi vida en un curriculum vitae me pego un tiro. El problema es que diez años es ahora... lo necesito ahora, algo que resuene, que haga eco en la vacía bóveda de mi alma. Un punto de partida al menos.
A veces me pregunto si mis desvaríos le hacen sentido a alguien más... ¿qué es esta mierda emocional, inhabilitante?... me siento un inútil, un incapaz... soy un discapacitado emocional.
Y lo detesto. Ojalá se pudiera apagar la sensibilidad y encenderla cuando fuera conveniente, o creamos que sirve de algo. Aunque puede ser ese el problema, eliminar mi emocionalidad me ayuda a ser “funcional” en el mundo “real”... y eso puede ser lo que me está matando.
Quiero ser feliz y hoy no sé como. Ni siquiera le puedo hechar la culpa a la regla.
Mañana vuelvo a entrar en piloto automático, en órbita constante con el vacío interior, sabiendo que solo mi capacidad de mantenerme en movimiento es lo que impide que me trague.