
El otro día descubrí que se debe a una persona. Ella fue el punto de inflexión.
Me hizo darme cuenta de un montón de cosas, me mostró un montón de cosas y me frustró otro montón.
He vivido estos últimos años tratando de no desperdiciar ninguna oportunidad que se me presente, porque después de perder mis oportunidades con ella, no quise nunca más sentir esa rabia conmigo.
Con ella descubrí que detesto sentirme miserable y estúpido, por lo que mis objetivos cambiaron de, una serie de proyecciones y expectativas mentales, a simplemente ser feliz.
Ella me enseñó que no soy ningún príncipe azul, ni tengo un caballo blanco, por lo que no puedo esperar salvar a nadie, especialmente si ese alguien no se salva a sí mismo. A lo más puedo ayudar en el proceso, pero sanar, cambiar y salvarse son temas que dependen estrictamente de la persona que lo necesita.
También aprendí que si quiero algo, lo tengo que tomar, las cosas no caen del cielo, y esperar no es una opción.
Aprendí todo eso en epifanías de dolor y frustración, que creo que en cierto grado de masoquismo y Pavlov es la manera que tenemos de aprender… y crecer.
Me dijeron el fin de semana que mi actitud respecto a querer probarlo todo, mi atracción hacia lo nuevo era una señal de inmadurez, en mi caso ha sido al revés, es una señal que he crecido, que abandoné mi caracola. Nunca más quiero sentirme un estúpido y para eso quiero saberlo todo y no me basta leerlo en libros.
Estoy estudiando y aprendiendo de los seres humanos, quiero saber porque lloran, porque ríen, porque evaden… y mi idea siempre ha sido aprender haciendo, involucrándome, no me sirve ser testigo de lo que quiero conocer, quiero que sea parte de mi y después incorporar a mi vida lo que crea valioso para mi propia experiencia.
Bueno o malo, aprendo a porrazos propios, no del resto… en los porrazos propios, más allá del dolor, entiendo el por qué.
He cambiado, los años no pasan en vano, mi despreocupación está preocupadamente planeada y controlada… aún así, parece que soy demasiado libre. Me gusta la libertad y adquirir compromisos no significa perderla, es un acto más de esa libertad, que tanto asusta a veces, soy libre de asumir compromisos, libre de cumplirlos y romperlos, pero como respeto mis decisiones libremente tomadas, un compromiso es un compromiso, una vez tomados no me interesa doblar o romper las reglas que yo mismo he planteado.
En todo caso, la lección más importante de todas, no surgió directamente de ella, sino más bien en conclusión de ella: cualquiera sean mis acciones, éstas tienen consecuencias y debes estar dispuesto a asumirlas, sin ni un pero.
Pago las consecuencias de mis actos, pago por mis errores del pasado y pagar por ellos me libra de sentimientos de culpa y preocupación. A mi me parece un buen trato.